Jueves, Enero 19, 2006


CAPITULO 13


RISA EXTRAÑA

Me levanté y me vestí con cuidado. Mi ropa y figura eran sencillas, pero era cuidadosa desde pequeña y mi vestido negro me quedaba bien.
Al bajar las escalas encontré la puerta del salón abierta y salí. Era una agradable mañana otoñal. Al pasar por el pasto miré hacia arriba y observé el frontis de la casa. Era de tres pisos y gran tamaño.
Estaba disfrutando el agradable aire freco cuando apareció La Sra. Fairfax en la puerta.
- "¡Qué! ¿Ya está afuera?", dijo. "Presiento que usted es buena para levantarse temprano. ¿Qué le parece Thornfield?"
Le dije que me gustaba mucho.
- “Sí”, dijo ella. “Es un lugar hermoso, pero temo que no se mantenga en orden, a menos que el Sr. Rochester decida venir y vivir permanentemente acá.
- “¿El Sr. Rochester?”, exclamé. “¿Quién es?”.
- “El dueño de Thornfield”, respondió rápidamente.
- “Yo pensaba que Thornfield le pertenecía a Ud”.
- “¿A mí? Bendita seas, niña. ¡Qué idea! Sólo soy la ama de llaves”.
- "¿Y la niña? ¿Mi pupila?"

- "El Sr. Rochester es su guardian. Me pidió que le buscara una maestra. Acá viene, con su niñera”.

Entonces, en ese momento se resolvió el misterio. Esta pequeña y afable viuda no era una gran señora, y nuestra igualdad era real. Me sentí más contenta que nunca.

Mientras pensaba en el descubrimiento, una pequeña niña se acercó corriendo. Tenía probablemente siete u ocho años, de tez blanca, rasgos pequeños, y con rizos que le caían hasta su cintura.

- “Buenos Días, señorita Adela”, dijo la Sra. Fairfax. “Venga a hablar con la señora que le va a enseñar”.
Se acercó. -"¿Ella es mi profesora?", dijo en francés, apuntándo hacia mí y hablándole a su niñera, que contestó en el mismo lenguaje:
- "Sí, exacto."
- "¿Son extranjeros?" , pregunté.
- "La niñera es extranjera, y Adela nació en París, y creo que lo dejó hace casi seis meses. Cuando recién llegó no hablaba inglés, pero ahora puede hablar un poquito".
Afortunadamente, yo tenía la ventaja de haber aprendido inglés con una señora francesa, y había practicado conversación con ella cada vez que podía. De inmediato me dirigí al pupilo en su propio lenguaje, y al poco tiempo me hablaba en la mesa al desayuno.
Después de la comida, Adela y yo fuimos a la librería. Encontré a mi pupila obediente, pero que no estaba acostumbrada a tener ningún tipo de ocupación regular. Sentí que no sería inteligente ser muy estricta con ella al principio, para que cuando la conozca mejor, y casi al mediodía, le permita ir donde su niñera.
Iba subiendo las escalas cuando la señora Fairfax me dijo desde el salón:
- "Ya terminaron sus horas de clases matutinas, supongo"
Fui a la habitación y ella estaba tejiendo.
- "¡Que cuarto más precioso!", exclamé mientras lo miraba.
- "Sí, este es el comedor. Acabó de abrir las ventanas para permitir un poco de aire y luz. Todo se pone tan húmedo en los cuartos cuando son poco habitados. ".
- "¡Tiene todo tan en orden, señora Fairfax!"
- "Porque, señorita Eire, aunque las visitas del Mr. Rochester seas encazas, siempre son de sorpresa e inesperadas; además, no le gusta encontrar que no esté todo listo para recibirlo.
- "¿Mr. Rochester es dificil de complacer?"
- "No mucho, pero es de gusto y hábitos de un caballero"
- "¿Pero no tiene peculiaridades?"
- "El es bastante peculiar, quizás. Ha viajado mucho, y ha visto bastante del mundo. Supongo que es inteligente, pero nunca he conversado mucho con él. No es de fácil descripción, cuando te habla nunca sabes si está hablando en serio o si se está riendo."
Eso fue todo lo que pude sacarle a la anciana sobre su y mí empleador.
Cuando dejamos el comedor propuso enseñarme el resto de la casa y la seguí escaleras arriba y escaleras abajo, admirando todo. Encontré especialmente magníficas las grandes habitaciones de la entrada, y algunas de las habitaciones del tercer piso tenían, si bien ocuros y bajos, interesantes piezas de vieja mueblería.
- "¿Los sirvientes duermen en esos cuartos?", pregunté.
- "No, ellos ocupan un grupo de habitaciones más pequeñas que están atrás."
- "¿No tienen un fantasma acá, cierto?"
- "Nunca he oido hablar de uno", la Sra. Fairfox se volteó, sonriendo. "¿Va a subir a ver la vista desde el techo?"
- Seguí una delgada escala y luego una escalera. Cuando miré hacia abajo, el barrio se abría ante mí como un mapa: prados, campos, bosques, la iglesia en las puertas, el camino, la villa y las tranquilas colinas.
A medida que descendía, la Sra. Fairfax se quedó tras de mi un momento, para afirmar la puerta que daba al techo. Llegué al tercer piso, y me quedé en el largo pasaje que separa a las habitaciones frente a frente. Era delgado, bajo y oscuro, con sólo una ventana al fondo.
Mientras caminabamos tranquilamente, escuché el sonido más inesperado de encontrar en ese lugar: una risa. Era una risa extraña, clara, no natural, en lo absoluto contenta. Me detuve. El sonido cesó, pero sólo por unos instantes. Y volvió a comenzar, más fuerte. Se convirtió en una explosión ruidosa que parecía hacer eco en cada habitación vacía.
- "'Señora fairfax!", la llamé, porque había oido que estaba bajando las escaleras. "¿Oyó esa risa fuerte? ¿Quién es?".
- "Seguramente, uno de los sirvientes. Talvés, Gracia Poole. Ella cose en una de esas habitaciones. A veces la acompaña otra mucama. Por lo general cuando estan juntas son bien ruidosas".
La risa se repitió en un tono más bajo, y terminó siendo un extraño murmuro.
- "¡Gracia!", exclamó la Sra. Fairfax.
En realidad no esperaba que nadie contestara, porque la risa era de desesperanza y fantasmal.
Sin embargo, la puerta más cercana a mí se abrió -y salió una sirvienta- una mujer entre treinta y cuarenta años, de figura cuadrada y cara sencilla. Nadie podría imaginar algo tan común.
- "Demasiado ruido, Gracia", dijo la Sra. Fairfax. "¡Recuerde las instrucciones!" Gracia desapareció obedientemente y bajamos las escalas a cenar.


Capítulo XIII de Jane Eyre, de Charlotte Brontë.
Traducción por mi
Posted by jorge luis at 03:39:24 | Permanent Link | Comments (2) |

Sábado, Enero 14, 2006

Eran las tres de la mañana. Afuera había silencio. Ni un alma en las cercanías. Fue entonces cuando aproveché las circunstancias para tomar mis cosas y huir. Jamás pensé que iba a tomar tal desición, sólo vino a mi mente. Miré a mi alrededor y estaban todos ahí. Durmiendo como verdaderos gusanos alimentándose de alguna carne putrefacta. Mi carne. Nuestra carne. Nos engullíamos unos a otros. Me incorporé y comencé a caminar por entre sus cuerpos. Ocultos tras kilos de ropa sucia, hedionda, demasiada. Ahora o nunca, total, estaré muerta de todas formas.
Abrí la puerta muy lentamente y, apenas visualizé que lo estaba logrando, la empujé con todas mis fuerzas y salté.
Sentí la brisa fría en mi rostro y antebrazos mientras caia. Mi pelo por fin estaba extendido a su máxima longitud. Mi nariz respiraba un aire que jamás había podido imaginar. El impacto era ínminente. Tuve tiempo incluso de preguntarme por qué estaba haciéndolo. Valía la pena. Todo. Incluso morir. Y qué importa morir antes o después. Importa morir por la mano del opresor o es más noble que uno mismo ponga fin a su existencia. En este instante yo quería poner fin a mis días. Quería irme y dejar atrás la misería. Cobardes eran, al fin y al cabo. Sabían lo que les iba a tocar. Ellos eran los que estaban cometiendo el suicidio al dejarse aplastar como moscas que no evitan el golpe. Pues yo no iba a permitir eso. Fuck me, I said. Esta es mi vida y yo elijo como la termino. Al menos quiero ser libre en eso.
Es mía realmente esta vida que no solicité. Después de todo, sólo me generé en el tiempo y el espacio. Y dicen que la generación espontánea no existe. Pues heme aquí. Cayendo. En vez de estar durmiendo en tibias sábanas del cuarto de la muerte. Ja! Si me querían muerta, pues los muertos son ellos antes que yo. Nevah! I repeat. Y todo mi odio se elevó trás de mi como un paracaidas que cae mucho más lentamente que el saltador. En mí estuvo, ahí se fue, en la caída libre, al viento se lo entrego, ya no es mío. La culpa...me sentí mucho más liviana al momento de caer. Despojada de todo peso alarmante e ígneo. Rodé y rodé. Mi cara golpeó una roca, mientras mi torso giraba para dar contra un grueso tronco. 'Esa es una costilla' logré pensar mientras apretaba los ojos. Que no se reventaran era una de mis preocupaciones. Mientras mis instintos de supervivencia hacían gala de todo su potencial acumulado durante milenios de evolución. Nuevamente aire y nada que me golpee. Abro los ojos por un instante y veo las estrellas saludándome. Las podría haber tocado si hubiese extendido mi brazo. Risas oí desde sus entrañas más profundas. Y la luna, ciega, iluminando mi caída para que pudiesen éstas observarme, silenciosa, dando lentamente vueltas en el horizonte.

Burbujas, círculos, frío, suavidad, libertad. Bebo mi sangre, saladísima. Respiro mi sangre. Ese olor tan característico, aunque mucho más pronunciado. Sólo me duele el costado del pecho. Arena. Topé fondo..estiro mi mano y agarro un puñado que se va diluyendo a medida que voy ascendiendo.

Aire otra vez, menos frío. Puedo respirar. Sal en mis labios, abro los ojos...veo alrededor mío.
It is up to you now.

Nadar. Como sea. Nadar. Adios.
No tengo nada que perder.
Posted by jorge luis at 19:48:37 | Permanent Link | Comments (3) |

Lunes, Enero 02, 2006



To be, or not to be: that is the question:
Whether 'tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles,
And by opposing end them? To die: to sleep;
No more; and by a sleep to say we end
The heart-ache and the thousand natural shocks
That flesh is heir to, 'tis a consummation
Devoutly to be wish'd. To die, to sleep;
To sleep: perchance to dream: ay, there's the rub;
For in that sleep of death what dreams may come
When we have shuffled off this mortal coil,
Must give us pause: there's the respect
That makes calamity of so long life;
For who would bear the whips and scorns of time,
The oppressor's wrong, the proud man's contumely,
The pangs of despised love, the law's delay,
The insolence of office and the spurns
That patient merit of the unworthy takes,
When he himself might his quietus make
With a bare bodkin? who would fardels bear,
To grunt and sweat under a weary life,
But that the dread of something after death,
The undiscover'd country from whose bourn
No traveller returns, puzzles the will
And makes us rather bear those ills we have
Than fly to others that we know not of?
Thus conscience does make cowards of us all;
And thus the native hue of resolution
Is sicklied o'er with the pale cast of thought,
And enterprises of great pitch and moment
With this regard their currents turn awry,
And lose the name of action.-- Soft you now!
The fair Ophelia! Nymph, in thy orisons
Be all my sins remember'd.


Posted by jorge luis at 05:28:33 | Permanent Link | Comments (7) |